Así que me rebelo (rebeldía compatible con la comodidad de mi silla ergonómica) y niego la mayor. Me parece que en el BE DIFERENT! sobra el adjetivo por redundante. Siendo un servidor poco amigo de las ciencias en general, tengo entendido que no hay dos cosas en el mundo que sean iguales. No hay dos panes iguales, ni dos bicicletas de carbono iguales. No conozco a dos personas iguales (ni los mellizos lo son), y mucho menos dos empresas iguales. Luego, si son diferentes, con el BE! es suficiente para ser singular.
Tranquilos hombre, sin insultar. No se trata de hundir el negocio de nadie, sino de aclarar o prevenir ciertas cosas. Una de las consecuencias de la crisis en las empresas es la necesidad urgente de hacer cosas nuevas, buscar nuevos mercados, otras formas de relación con el cliente, en definitiva, de “reinventarse”, otro palabro famoso en estos tiempos y con el que tal vez me pelee otro día por cansino.
Pues bien, no descubro nada si digo que la búsqueda de ese nuevo escenario que necesitamos crear nos puede llevar al ridículo talla XL si no hacemos las cosas como dice mi madre, con fundamento. Bien porque las personas en las que hemos confiado para que nos ayuden en esa labor sólo buscan un impacto inmediato en el mercado y en su propia proyección de firma, bien porque la ansiedad que nos provoca la falta de cartera nos mueve a tomar decisiones sin meditarlas suficientemente, o bien porque no podemos quedarnos parados hasta que alguien nos ilumine el camino, podemos terminar siendo un pato con collar de perro, un "dogduck". Lo pongo así porque quiero formar parte del club “ilustrados sin fronteras” y en el formulario de admisión te piden inventar una palabra con “ing” al final. Así que mi palabra es el “dogducking”, que se refiere a cuando haces el payaso sin darte cuenta. Vamos, lo que hasta ahora ha venido siendo “la mona vestida de seda”, pero su obligada traducción al inglés, “monkeydressedinsilking”, no me termina de convencer.
No nos podemos olvidar de ser nosotros mismos. No es suficiente, pero sí necesario. Para existir en el mercado, para "ser", nos presentamos como somos porque no hay nadie como nosotros. Con nuestras fortalezas, trasladando junto a nuestros valores reconocidos aquellos otros por los que estamos apostando, luchando. Combinando honestidad con inteligencia, piezas clave para los negocios de largo recorrido. Inteligencia para no confundir honestidad con transparencia, porque podemos terminar enseñando las vergüenzas (¿quién no las tiene?), y eso no es ser honesto, es ser idiota.
En un curso reciente conocí la ventana de Johari. Ilustra el proceso de comunicación y analiza la dinámica de las relaciones personales, que, por qué no, podemos trasladar a las relaciones entre empresas. Nos plantea una ventana con cuatro áreas, cuadrantes:
- Abierto o libre: 1.- Lo que yo sé de mí. 2.- Lo que los demás saben de mí.
- Oculto 1.- Lo que yo sé de mí. 2.- Lo que los demás no saben de mí.
- Ciego 1.- Lo que yo no sé de mí. 2.- Lo que los demás saben de mí.
- Desconocido, perdido y oscuro 1.- Lo que yo no sé de mí. 2.- Lo que los demás no saben de mí.
Según la teoría, la persona en la cual predomine el cuadrante abierto, funciona en forma más armónica y más sana, pues se muestra tal cual es, se conoce a sí misma y no vive con miedo a que los demás lo conozcan.
Me sumo a los que creen que esto es necesario para salir al mercado y tener éxito en nuestros proyectos, pero aún cuando no ocurre así, al menos nos ayudará a dormir tranquilos, cosa absolutamente necesaria para poder trabajar con fuerza e ilusión mañana.
Y paro porque ya esta asomando el cura que vive dentro de mí y el sermón puede ser, si cabe, más doloroso.
Sobre este tema, les recomiendo leer "no quieras aparentar lo que no eres" de Christopher Smith (Brand Smith).



